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EL PRECIO DE UN SUEÑO

15 may 2024
3 min de lectura

Alrededor del 6.3% de los estudiantes en Perú abandonaron la escuela. Además, se reveló que aproximadamente el 22% de los jóvenes de 17 a 18 años no habían completado la educación secundaria. 



La situación de la deserción escolar en Perú es alarmante, ya que casi uno de cada tres niños y adolescentes vive en la pobreza. Siendo una de las causas que limita el paso a una educación adecuada y, en muchos casos, les obliga a abandonar la escuela. Esta falta de acceso a una educación de calidad no solo crea desigualdad entre los estudiantes, sino que también limita sus oportunidades futuras.


La necesidad imperiosa de que los niños y adolescentes trabajen para contribuir a la economía familiar agrava esta situación. Esto es especialmente crítico en las zonas rurales, donde la distancia y las dificultades de acceso a las escuelas son considerables. Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), esta problemática se refleja en un aumento de 485 mil personas de entre 14 y 18 años que forman parte de la fuerza laboral en estas áreas.


Además, la violencia y la inseguridad en ciertas regiones desmotivan a los jóvenes y ponen en riesgo su continuidad educativa. La falta de apoyo familiar y social también crea un entorno poco propicio para que los estudiantes continúen con sus estudios, lo que lleva a muchos a abandonarlos antes de completarlos. Según MINEDU la tasa de abandono escolar en Perú aumentó del 61.8% al 73.4% entre 2019 y 2021 en educación primaria y secundaria.


DESAFÍOS FINANCIEROS 


Aunque la educación primaria suele ser gratuita en varias zonas, algunas escuelas imponen cuotas por inscripción, exámenes u otros servicios. En áreas rurales donde escasean las instituciones educativas, las familias a menudo enfrentan costos adicionales de transporte o alojamiento para asegurar la educación de sus hijos. Además, durante las crisis económicas, la disminución de ingresos y el aumento del desempleo llevan a las familias a priorizar las necesidades básicas sobre la educación.


Juan Zuñiga, trabaja en una fábrica local por horas y tiene un salario que apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas de su pequeña familia. Tiene dos hijos los cuales tuvo que retirar de su institución educativa, ya que no contaba con el dinero suficiente para seguir pagando los gastos que este colegio pedía, aun siendo un colegio estatal.  “No hay suficiente dinero para comprar libros, cuadernos, útiles escolares, uniformes o alimentos nutritivos para mis hijos” mencionó Juan, convirtiéndo la educación en una lucha constante. 


La situación económica es crucial, según datos del Banco Mundial para el Perú, el costo promedio de la educación secundaria representa el 8.3% del ingreso medio por persona. Mientras que para la educación superior este porcentaje aumentaba considerablemente, alcanzando el 16.2%. 


INFANCIA INTERRUMPIDA


El trabajo infantil reduce significativamente el tiempo y la energía que los niños pueden dedicar a sus estudios, lo que a menudo se traduce en un bajo rendimiento académico y una alta tasa de deserción escolar. Las consecuencias a largo plazo del trabajo infantil son significativas y variadas. A nivel emocional y psicológico, los niños que trabajan desde una edad temprana pueden desarrollar trastornos de ansiedad, depresión y problemas de comportamiento. También es probable que tengan dificultades en sus relaciones interpersonales y en su integración social.


Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), aproximadamente el 25.3% de los niños, niñas y adolescentes (NNA) entre 5 y 17 años están ocupados en algún tipo de trabajo​. La falta de educación y las habilidades limitadas los condenan a trabajos mal remunerados en la adultez, perpetuando el ciclo de pobreza y exclusión social.


“En muchos casos, los niños son víctimas de redes de explotación laboral que se aprovechan de su vulnerabilidad y falta de protección.” mencionó la psicóloga Alejandra Ramírez. Es fundamental implementar políticas que aborden tanto la prevención como la protección. Esto incluye leyes estrictas contra el trabajo infantil, programas de apoyo financiero y educativo para las familias en riesgo, y la mejora de la accesibilidad y calidad de la educación.



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